Pintar frecuentemente ocurre en sintonía con danzar, en mí. Pintar puede impactar un objeto mundano, un lienzo en blanco o alguno que ya ha dejado de seducirme en su mensaje. Puede estar en el descubrimiento de las acuarelas o los amores con el acrílico redescubiertos, ya sea por técnicas, colores, materiales, formatos o travesuras. De todos modos la obra es aún incompleta: es una cocreación.  El arte es una expresión social, es una conversación. Hay un espacio de entrega de quién soy, vulnerablemente, de qué tengo para dar generosamente y alguien quien recibe desde quién es y desde sus inquietudes en su mundo. Ahí, en el encuentro, en el nicho relacional como le llamaba Humberto Maturana, emerge la obra de arte. Es el encuentro de mundos interpretativos, son las preguntas que emergen, las opiniones que se nos disparan. Para luego dejar la obra, donde por algunos instantes, nos encontramos en nuestras diferencias y nuestras semejanzas.

 

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* Imagen de portada de la nota: Amapolas – Técnica Mixta